Evaluar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para cambiar el mundo en el que vivimos…Educar para implicar a la sociedad en este cambio

Javier Benayas Profesor de Ecología de la UAM Miembro Consejo Asesor REDS

Marta García Haro Directora de proyecto REDS/SDSN Spain

EL ÍNDICE MUNDIAL DE LOS ODS

España, junto con otros 192 países, se enfrenta en la próxima década a la consecución del desafío más ambicioso en materia de desarrollo social, económico y ambiental: el compromiso de alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas mediante una agenda de desarrollo que deberá completar su implementación en el año 2030.

Para ayudar a lograr los ODS, en 2012 nace la Sustainable Development Solutions Network (SDSN), una iniciativa de la ONU cuya finalidad es activar a las universidades, los centros de investigación, las empresas y la sociedad civil para la resolución de problemas prácticos relacionados con el desarrollo sostenible. Además, la red realiza un trabajo de educación y sensibilización dirigido a las instituciones públicas, al mundo corporativo y universitario para que conozcan los ODS, y así favorecer su incorporación a futuras políticas y en el comportamiento de la sociedad en general.

A principios del año 2015 se crea la Red Española para el Desarrollo Sostenible (REDS), capítulo en España de la red mundial SDSN. En su corta trayectoria ya ha impulsado numerosas iniciativas y acuerdos, entre otros, con CRUE-Universidades para introducir la cultura de la sostenibilidad en la universidad española, o con la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) y con varios ayuntamientos para promover un desarrollo urbano más sostenible.

Uno de los trabajos de REDS que más impacto ha tenido ha sido la publicación y difusión del “Índice de los ODS” (SDG Index & Dashbords Report), un informe pionero elaborado anualmente por SDSN y la Fundación Bertelsmann que sitúa en una clasificación a 157 países del mundo en relación con el grado de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Los resultados de este índice son muy interesantes porque evidencian que todos los países, tanto ricos como en desarrollo, deben actuar con urgencia para lograr los objetivos globales de sostenibilidad, ya que ninguno aprueba los 17 ODS. El Índice de los ODS nos ofrece una foto fija que muestra de dónde partimos y hacia dónde debemos ir a través, tanto de datos cuantitativos como de una representación en paneles de colores muy visual y fácil de entender. Estos paneles utilizan el código del semáforo (verde, amarillo, naranja y rojo), según se apruebe o se suspenda el objetivo, o se esté a medio camino de conseguirlo.

Este informe se publicó en su segunda edición en 2017 y trata de generar una clasificación rigurosa, con el fin de resaltar los logros alcanzados en la consecución de los ODS por los distintos países e identificar las principales prioridades de acción. Para poder alcanzar la meta de los ODS es necesario evaluar en qué posición nos encontramos en el recorrido o camino que nos conduce hasta ella. Por este motivo, a principios de 2016, la Comisión Estadística de la ONU recomendó 232 indicadores para poder evaluar y hacer seguimiento a cada uno de los 17 ODS. Pero hay muchos de estos indicadores que aún no cuentan con una definición y metodología acordada para su aplicación y/o los datos no están aún disponible para la mayoría de los países. Queda mucho trabajo por desarrollar para poder contar con un sistema completo y fiable de indicadores.

En su informe de 2017, SDSN ha empleado 83 indicadores “globales”, más 16 indicadores adicionales para los países de la OCDE, de los que hay más datos disponibles, lo que representa un 35% de los indicadores totales definidos por Naciones Unidas. En el informe solo se ha incluido un indicador si hay datos disponibles para el 80% de los países con una población superior a 1 millón de habitantes y se han incorporado los datos de un país en concreto, si este tiene un 80% o más de datos disponibles para los 83 indicadores. Concretamente el informe aporta datos de 157 países en la edición 2017.

El informe calcula indicadores cuantitativos globales, en los que cada objetivo recibe el mismo peso, aunque la información se obtenga de un número variable de indicadores para cada uno de los ODS. La información se obtiene tanto de datos estadísticos oficiales que proceden del servicio de Naciones Unidas (unstats.un.org/sdgs/indicators/database), como de otras fuentes complementarias. La puntuación de un objetivo concreto varía en una escala de 1-100, donde obtener una puntuación de 50 significa que un país está a mitad de camino para alcanzar los ODS. En su edición de 2017, por primera vez, el Índice ha incluido los llamados indicadores con “efectos secundarios adversos” que valoran la influencia que tienen las políticas y acciones de unos países sobre la capacidad de otros para alcanzar los ODS. Así, el informe arroja datos que muestran cómo un gran número de países industrializados no solo están obteniendo buenos resultados para sí mismos, sino que los efectos colaterales de sus decisiones están obstaculizando o favoreciendo la implementación de los ODS en los países empobrecidos.

Estos indicadores constituyen una gran innovación porque muchos de estos datos tienden a ser obviados o escasamente medidos en las estadísticas oficiales. Para REDS/SDSN estos indicadores ponen de manifiesto que ciertos elementos del actual modelo de desarrollo –por ejemplo, los elevados niveles de consumo, el traslado de las fábricas de producción a países en desarrollo, la existencia de paraísos fiscales o la exportación de armamento– provocan efectos secundarios adversos y están causados principalmente por países de renta alta. Generar desarrollo en unos países provocando subdesarrollo en otros no es el efecto que se desea conseguir con la agenda de sostenibilidad 2030.

Figura 1: Índice Mundial de los ODS (2017) para los primeros 30 países.RESULTADOS DE LOS INDICADORES MUNDIALES DE CUMPLIMIENTO DE LOS ODS

En el caso concreto de los resultados obtenidos por España, se observa que mejora 5 puntos en relación con el ranking anterior de 2016 (pasa de 72,7 a 77,7 puntos sobre 100) lo que le permite avanzar 5 posiciones para colocarse en el puesto 25 a nivel mundial. Pero aún tiene por delante a muchos países europeos y queda aún muy lejos de los resultados obtenidos por los países nórdicos que encabezan la clasificación (Suecia, Dinamarca, Finlandia y Noruega). Otra lectura más positiva de estos resultados sería considerar que con un pequeño esfuerzo de mejora de un punto, España podría pasar a ocupar la posición nº 20 de la clasificación. Sin duda es un reto que en el informe de 2018 se podrá comprobar si dicha mejora ha sido posible.

Pero por otra parte estos resultados también ponen de manifiesto que España pierde algunos de los avances alcanzados en 2016 en el cumplimiento de la Agenda 2030. Concretamente en el informe de 2017, España ha perdido el único objetivo verde que el año pasado obtuvo en el ODS 5, dedicado a la igualdad de género. Como se puede observar en la figura 2, España en este informe no obtiene ningún objetivo con el nivel verde de haber alcanzado la meta y si aparecen 6 objetivos con valores críticos de color rojo, otros 6 de color naranja y 5 color amarillo con valoraciones altas próximas al verde.

Entre los objetivos con peores resultados para España en el Índice ODS 2017 se encuentran varios relacionados con la conservación del medio ambiente, entre ellos los dedicados a la gestión de los ecosistemas marinos (ODS 14) y a la conservación de la biodiversidad terrestre (ODS 15), o al control de las emisiones de gases de efecto invernadero (ODS13) o a la aplicación de medidas de consumo responsable (ODS 12). Los cuatro obtienen las puntuaciones más bajas de todo el índice con un suspenso rotundo (un 4,5/10) para la gestión de ecosistemas marinos. Sería interesante analizar con más detalle los motivos de estas valoraciones, pero el mal comportamiento de las emisiones de gases de efecto invernadero, la presión sobre los recursos pesqueros o la falta de una estrategia activa para la protección del océano, afectan a los resultados de nuestro país en relación a la escena internacional. En el polo opuesto encontramos algunos objetivos ambientales con puntuaciones de “notable” como la gestión y tratamiento de agua (ODS 6), el acceso a fuentes de energías renovables (ODS 7) o la apuesta por ciudades y núcleos urbanos más sostenibles.

Es interesante señalar que España en general tiende a tener mejores resultados en objetivos relacionados con aspectos sociales que en los relativos a temáticas de carácter más ambiental. Concretamente obtiene las mayores puntuaciones, cercanas al “sobresaliente” en Salud y bienestar (ODS 3), Nivel educativo (ODS 4) e Igualdad de género (ODS 5). Sin duda las prioridades políticas se marcan para alcanzar un bienestar y grado de satisfacción social pero una alta calidad de vida no es posible sin apostar al mismo tiempo por conseguir una alta calidad ambiental.

Figura 2: Resultados obtenidos por España en el índice de los ODS 2017. En la tabla de la izquierda según el panel de colores del grado de cumplimiento y en el gráfico de la derecha según los valores obtenidos para el conjunto de indicadores de cada uno de los 17 ODS. Estos resultados permiten marcar qué objetivos y metas deberían ser las dianas para definir políticas prioritarias a corto y medio plazo. Concretamente en España se ha comenzado a trabajar de manera progresiva desde distintos sectores. Ya se cuentan con iniciativas interesantes en algunas universidades, empresas, la sociedad civil y ámbitos de la administración, especialmente en municipios y comunidades autónomas. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer y este índice permite identificar los objetivos deberían marcar la agenda de acción de las políticas estatales para los próximos años.

Es difícil hacer una valoración común a nivel mundial, sin embargo, se pueden extraer algunas conclusiones valiosas analizando la tabla con los resultados obtenidos por el grupo de países de la OCDE. En un vistazo rápido a la Figura 3, se observa como dominan los colores amarillos y naranjas de valoración intermedia, incluso con más presencia de objetivos rojos que de color verde. Es llamativo que incluso en los países más ricos y avanzados del mundo este índice también marca tareas concretas que deben asumir y esfuerzos que deben realizar para avanzar hacia la sostenibilidad. A diferencia con los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible vienen a marcar tareas a todos los países. Los esfuerzos no solo los deben llevar a cabo los países subdesarrollados o en vías de crecimiento, sino que también los más avanzados deben contribuir activamente para intentar alcanzar el bienestar mundial a través de los 17 ODS.

Figura 3: Resultados del Índice ODS para los países de la OCDE.

La figura 3 nos señala cómo los mayores retos y dificultades a los que se enfrentan estos países desarrollados se concentran en la lucha contra el cambio climático (ODS 13), en la conservación de los ecosistemas (ODS 14 y 15) y en los sistemas de consumo y producción basados en prácticas insostenibles (ODS 12). De nuevo, como ocurre con España, objetivos muy estrechamente relacionados con temáticas ambientales. En esta figura también se observa una gran concentración de colores rojos en las columnas de estos objetivos de carácter más ambiental. Pero también varios países de la OCDE “suspenden” el ODS 2 porque sus sistemas agrícolas no son sostenibles, y varios países tienen calificaciones bajas en el ODS 3 debido a sus muy altas tasas de obesidad. Un gran número de países de la OCDE se enfrentan a retos de envergadura para lograr el ODS 17, en gran parte debido a sus insuficientes aportaciones financieras a la cooperación internacional al desarrollo, sumado al hecho de que algunos experimentan un bajo crecimiento y una alta tasa de desempleo (ODS 8), así como un déficit importante en la igualdad de género (ODS 5). Esperemos que en futuros informes el panorama del panel para estos países pueda ir evolucionando de forma progresiva del rojo al verde.

El escenario de colores es radicalmente diferente cuando se observa la figura 4 del grado de cumplimiento de los ODS para países de América Latina y el Caribe o aún con un mayor contraste para el continente africano. Los tonos rojos y naranjas son los que dominan mayoritariamente el conjunto de la tabla, apareciendo de forma muy puntual y aislada objetivos en color verde. Estos se concentran principalmente en el objetivo de contribución al cambio climático y en países como Cuba y Uruguay. Quizás la dimensión más llamativa en esta tabla es el resultado obtenido para el indicador ODS 16 de paz y justicia. La columna completa de este ODS, aparece con un nítido color rojo uniforme que pone de manifiesto la situación generalizada de inseguridad y violencia que vive esta región. También se identifican como objetivos prioritarios de actuación la reducción de las desigualdades económicas entre grupos sociales (ODS 10), la promoción de la innovación y avances a nivel industrial (ODS 9) o la mejora en las condiciones laborales de los trabajadores (ODS 8). Sin duda los distintos países latinoamericanos tienen grandes retos que superar en los próximos años. El poder definir estrategias de colaboración o identificación de buenas prácticas pueden servir para avanzar de forma más rápida y efectiva.

Figura 4: Resultados del ïndice de ODS para los países de América Latina y el Caribe.EVALUAR LOS ODS PARA CAMBIAR EL MUNDO

Cada año se pretende seguir editando este informe ampliando y completando cada vez más el número de indicadores. Sin duda, el “Índice de los ODS” se basa en un planteamiento riguroso en el proceso de aplicación y cálculo, pero presenta grandes retos para los próximos años. Concretamente se deberán hacer esfuerzos en la incorporación de nuevos indicadores que permitan obtener una fotografía más completa y precisa, tanto de la situación de cada país, como de los esfuerzos que realizan para que sus ciudadanos cada vez adquieran una mayor calidad de vida en unas condiciones más sostenibles para las generaciones futuras. Hay aún muchos vacíos de información y piezas de este complejo puzle que es necesario ir completando de forma progresiva.

Para REDS/SDSN estos informes deben servir de guía, especialmente dirigida a los gobiernos, para que puedan identificar en qué sectores deben priorizar sus políticas y acciones. Por ello, el objetivo principal del informe es proporcionar datos accesibles y comprensibles para todo tipo de destinatarios: responsables gubernamentales, técnicos de las administraciones públicas, sector privado, medios de comunicación o la ciudadanía en general. Cada actor o grupo social puede desempeñar un papel importante y contribuir directamente en mejorar los resultados para cada objetivo.

Los retos a los que se enfrentan los países para alcanzar los ODS son muy diversos. La Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible reconoce el principio de universalidad por el que todos los países deben trabajar juntos en la consecución de los ODS. Ahora bien, las responsabilidades son comunes pero diferenciadas en función de su punto de partida. Con el Índice se quiere ayudar a que los países inicien una reflexión sobre cuáles podrían ser sus prioridades y adopten acciones tempranas y, sobre todo, qué efectos secundarios, tanto positivos como negativos, tiene sus políticas en otros países, principalmente en aquellos que se encuentran en las peores condiciones en relación con los ODS. El objetivo no es solo que un país alcance la meta y una alta calidad de vida en relación a los ODS para sus habitantes, sino que también ayude a otros a alcanzarlos.

Los datos que proporciona el informe no tienen como fin desanimar a nadie. Al contrario, el propósito de este informe es ayudar a los países a identificar las prioridades de acción para alcanzar todos los ODS (identificar puntos fuertes y lagunas). Tampoco se trata de establecer comparativas negativas, pero sí compararse de manera útil con sus pares. Los indicadores del índice permiten identificar las carencias y desafíos existentes para requerir una acción coherente e inmediata por parte de todos los países, y que los países más pobres que se enfrentan a obstáculos más importantes y significativos puedan contar con apoyos internacionales para lograr los ODS.

España, aunque obtiene un notable alto en su valoración global, no puede estar satisfecha con los resultados obtenidos y debería continuar trabajando para escalar puestos e intentar situarse en el liderazgo de la sostenibilidad. La crisis por la que ha atravesado en los últimos años nuestro país debería servir para dinamizar nuevas estrategias de crecimiento más basadas en modelos y generación de productos sostenibles y renovables. No debemos desaprovechar, en este sentido, la oportunidad y el camino que nos marca la evaluación de la agenda de los ODS.

EDUCAR EN LOS ODS PARA IMPLICAR A LA SOCIEDAD EN TRANSFORMAR EL MUNDO EN EL QUE VIVIMOS

Uno de los principales ejes de actuación de REDS/SDSN consiste en promover la Educación en Desarrollo Sostenible (EDS) y lograr que la cultura de la sostenibilidad permee a todos los ámbitos educativos. Como red académica que aglutina a universidades y centros de investigación de todo el mundo, SDSN está movilizando y formando al profesorado, al alumnado y a los equipos de gobierno universitarios para que integren los ODS en el currículum. Para ayudar en este proceso, se ha elaborado la guía “Cómo empezar con los ODS en las universidades”, traducido al español recientemente y disponible en la web de REDS. Además, SDSN cuenta con una herramienta de educación online, la SDG Academy con cursos sobre diversas temáticas de los ODS, que nace con la vocación de ser una universidad global gratuita que ofrezca la oportunidad de aprender de los mayores expertos mundiales en desarrollo sostenible a todo aquel que tenga una conexión a internet.

Una de las iniciativas relevantes que ha llevado a cabo REDS/SDSN durante el pasado año 2017, en colaboración con la fundación Alternativas, ha consistido en la elaboración del informe sobre “Educación para la Sostenibilidad en España. Reflexiones y Propuestas” (Benayas et al, 2017). La Educación Ambiental en nuestro país ha gozado de un gran dinamismo y diversidad de actividades y programas, que se vio parcialmente truncado con la crisis económica que llevó al cierre a muchas de estas iniciativas, las cuales durante años y décadas han desempeñado un papel fundamental en la sensibilización ambiental de la sociedad española. Por este motivo se ha considerado de gran relevancia llevar a cabo una reflexión sobre el camino que se ha recorrido, para intentar definir nuevas metas y estrategias para hacer que la educación pueda convertirse en un verdadero instrumento de cambio social hacia la sostenibilidad. Según aumentan los problemas y retos ambientales y la sociedad se hace más insostenible la educación para la sostenibilidad se hace más necesaria y fundamental. En este escenario los educadores ambientales deben desempeñar un papel fundamental de cara al futuro cercano, al tener que liderar la transición a unos nuevos modelos sociales que serán la base de una nueva economía y de un mayor bienestar para todos.

Los ámbitos de actuación de la educación para la sostenibilidad son muy amplios, por ese motivo se ha optado en este primer informe en centrar el análisis en la dimensión del sistema educativo formal, tanto de la enseñanza obligatoria como en el ámbito universitario. Queda para una segunda entrega una valoración más profunda de los proyectos desarrollados en ámbitos menos reglados. En una primera parte del informe se hace un breve balance y diagnóstico de los logros alcanzados. Sin duda se ha avanzado mucho y existen experiencias exitosas tanto en contextos escolares como universitarios, pero la botella aún, se encuentra medio llena o medio vacía, según como se desee interpretar. El camino por recorrer es aún amplio y los retos importantes.

Por poner algún ejemplo, el Índice de los ODS 2017 pone de manifiesto en relación a los indicadores relativos al objetivo educativo (ODS 4) que España alcanza unos valores altos en aquellos indicadores de acceso de la población al sistema educativo formal. Es decir, nuestro país obtiene unos resultados excelentes en cobertura educativa e índice de alfabetización, pero tiene bajas puntuaciones en los indicadores que evalúan los resultados de este sistema educativo. Es momento para reflexionar sobre qué cambios hay que introducir para que la enseñanza que se imparte en las aulas sea más cercana a los problemas que los alumnos se encuentran en la calle y a los que deben responder profesionalmente implicándose en la búsqueda de soluciones y alternativas. El que la educación llegue a todos los españoles es muy importante pero ahora nos queda dar el segundo paso para que esa educación sea efectiva y de calidad.

La Agenda 2030 y los ODS ofrecen una oportunidad única, pues integran en un mismo escenario de acción metas sociales, ambientales, económicas, de paz y alianzas. Los 17 objetivos consensuados a nivel mundial son un marco de trabajo que debería facilitar el camino y la búsqueda hacia un mundo más equitativo social y ambientalmente y, consecuentemente, con un mayor nivel de bienestar humano. Se deberían incluir los contenidos y procedimientos (habilidades) para la sostenibilidad en todas las etapas educativas para romper con las inercias de los sucesivos currículos y materias. Los ODS pueden servir como elemento transformador de planes de estudio y estándares de calidad nacionales y según señala Unesco: “Los planes de estudio tienen que garantizar que todos los niños y jóvenes aprendan no solo habilidades básicas, sino también habilidades transferibles, tales como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, el activismo y la resolución de conflictos, para ayudarlos a convertirse en ciudadanos globales responsables”.

Para ello es necesario que las administraciones educativas se impliquen en la consecución de los ODS en la educación. En consecuencia, los ODS deberían incorporarse, tanto en el currículum de la formación básica como en todos los grados de formación universitaria, como una temática obligatoria para ser trabajada lo mismo a partir de conocimientos, como de actitudes y acciones transformadoras del mundo que nos rodea. Los nuevos 17 ODS podrían configurar un escenario de consenso ideal para sentar las bases de una nueva asignatura para los últimos cursos de Educación Secundaria, en Bachillerato y Formación Profesional cuyos contenidos fueran coherentes y compartidos por todos los agentes políticos y sociales, dado que existe un consenso mundial sobre los ODS. Esa posible asignatura “Cultura de la sostenibilidad”, “Ciudadanía sostenible”, quizás la denominación no es lo más relevante. Pero una asignatura que debería entender cultura en el sentido de cultivo, basado en el hecho de aprender a aprender, para entender y gestionar lo que trae la vida cotidiana en su dimensión cercana y lejana y aquello que debemos proyectar para el futuro. Una asignatura que acerque a los jóvenes a comprender el mundo en el que viven, pero sobre todo que les haga sentir que ellos son actores protagonistas que participan activamente en la filmación de la película actual y futura del mundo en el que viven. Película cuyo fin, dependerá en gran medida, de los comportamientos y decisiones que adopten cada uno de ellos.

BIBLIOGRAFÍA

Bertelmann Stiftung & Sustainable Development Solutions Network (SDSN). (2017): SDG Index and Dashboards Report 2017: Global Responsibilities, International spillovers in achieving the goals. www.sdgindex.org

Benayas, Javier, Marcén, Carmelo, Alba, David y Gutiérrez, José Manuel. Educación para la Sostenibilidad en España. Reflexiones y propuestas. Documento de Trabajo Opex Nº 86 (2017). Fundación Alternativas, Red Española de Desarrollo Sostenible (REDS/SDSN). http://reds-sdsn.es/wp-content/uploads/2017/10/Informe-Educacion-Sostenibilidad-2017-web.pdf

SDSN Australia/Pacific. Getting started with the SDGs in universities http://reds-sdsn.es/guia-empezar-los-ods-las-universidades